Barras Insurgentes
En medio de una de las zonas más transitadas de la Ciudad de México, entre la estación de Metro Insurgentes y la Zona Rosa, existe un pequeño parque de calistenia conocido como Barras Insurgentes.
El espacio está construido en buena parte con materiales improvisados: cemento, llantas, tubos y varillas de acero. Todos los días reúne a personas de edades, historias y contextos muy distintos que encuentran en el ejercicio un punto de encuentro.
Aquí conviven trabajadores, habitantes de la zona, atletas, personas que atraviesan problemas de adicción y otras que simplemente llegan buscando entrenar o compartir el espacio. Más allá de sus diferencias, alrededor de las barras se ha formado una comunidad sostenida por la constancia, la convivencia y una idea sencilla: regresar al día siguiente.
Mi interés en Barras Insurgentes no está únicamente en el ejercicio, sino en las relaciones que se construyen alrededor de él. En los descansos entre una serie y otra, en las conversaciones, los gestos de apoyo, las ausencias y los reencuentros.
Este proyecto observa un espacio público donde distintas realidades de la Ciudad de México se cruzan todos los días. Un lugar imperfecto, intenso y profundamente humano, en el que el cuerpo se convierte en una forma de resistencia, disciplina y pertenencia.